jueves, 13 de octubre de 2016

13/10/2016

Para la señorita más peculiar que tuve la experiencia de conocer.

Las veces que escribiré sobre esto debería ser resumido en una sutil pero directa carta comprometedora.
No quiero pasar mil años de una larga vida lamentándome por todo lo que no pude depurar dentro mí. Y mucho menos pasaré otros mil escribiendo lentamente al paso de los días mientras mi aflicción se alimenta de lo que pudo ser un gran hombre.
En el tiempo donde las vidas duran mil hermosos años he desperdiciado 200 experimentando de esa juventud que compone la inspiración de cualquier escritor. ¿Hasta cuándo la inspiración iba a surgir de la experiencia obtenida de una parte de mi vida llena de errores y lamentos? Pero aún así me siento comprometido a ser lógico respecto a esto, no tengo por qué llamar errores a las cosas que hoy en día forman mi existir y mi permanencia como persona hacia los demás. No saldré de esto de una manera fácil, no me arrepiento de nada de lo que he hecho; me he vuelto fuerte, pensativo, sé diferenciar, comprendo los sentimientos que tengo, que las personas que llegan a sentir, tengo empatía hacia mi entorno y el amor que desborda sin desagrado hacia mí. No tengo por qué sentirme así. Lo comprendo totalmente, sé las razones al derecho y al revés, memoricé lo último que dijo y lo analicé hasta el cansancio de mi comprensión y no encontré nada extraño, nada fuera de lugar, ninguna estúpida cosa que me pudiera decir lo contrario de lo que sucedió. Todo tuvo un maldito sentido desde cualquier punto de vista que lo vieras.
Pero....
¿Por qué me siento así? por qué la lógica de cómo funcionan las relacionas humanas no viene y me salva por última vez. Llegué al punto de creer cómo funciona todo, como el tiempo y socializar con otras personas arreglan cualquier desastre amoroso. Entendí que el sexo te hace olvidar y te hace comprender la felicidad de los sentidos más primitivos de las personas. Como las distintas parejas te hacen conocer universos y distintas constelaciones en cada una de ellas. Comprendí que querer algo de verdad te hace obtenerlo, empecé a cegarme y autoengañarme a un punto desastroso de lo quería. Lo obtuve y experimenté con esos universos en busca de respuestas para la existencia del mío.

No soy un dios para comprender realmente cómo funciona mi cabeza, ni mucho menos un sabio para hallar explicación a por qué no funcionó en mí lo que todos los hombres inteligentes de esos programas y libros me dijeron.

No dejo de pensar en mis experiencias pasadas, no dejo de extrañar la esencia con la que nuestros sistemas se convertían en un cosmos infinito de ideas e incoherencias. Fallé por última vez y lo acepté, perdí contra alguien mejor que yo, no necesito ser un maldito soberbio y poner un pretexto mejor, pero las verdaderas razones las conoce el viento y no necesito estar en silencio para escucharlo.

Ojalá pudiera encontrar la forma de desahogar la pena tan grande que hoy encuentro en mi ser, no me siento triste, de verdad que no. Simplemente no puedo encontrar una solución coherente a esto.

Vete de mí, aléjate con todo el amor que te tengo, deshazte de él de la manera tan fácil como lo hiciste conmigo, pero por favor no olvides; que cuando alguien te falle, cuando el viento deje de soplar y no te arrope con su dulce y engañosa sinfonía, siempre tendrás un lugar en mí.

La última persona en tu lista de cosas por hacer.